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En casa solo contaba con: María, El visitador, Los árboles mueren de pie y dos o tres títulos más que no logro recordar. Y también contaba con absolutamente nadie a quién pedirle que me recomendara una buena lectura. Decidí que Alejandro Casona era la opción correcta para iniciar, seguramente influenciado por la cantidad de páginas.

Fue hasta 1995 cuando encontré a alguien que me recomendara libros. Siempre es más fácil cuando se encuentra una mano amiga que le guíe a uno en el andar por el inmenso universo de textos que existen, sobre todo cuando uno inicia. De tal cuenta conocí a Gibrán y alguna literatura árabe, porque esa era la preferencia de mi amigo, un hombre que me doblaba la edad, sabía mucho y tenía una filosofía de vida que destacaba por diferenciarse de lo común. No obstante mi camino no estaba por ahí, mucha parábola que concluía en lo insignificante del hombre, la necesidad de ser humilde y hablaba de maravillosas deidades que se dedican, en todo lo que acontece al ser humano, a pulir sus almas.

El 31 de enero que recién pasó recibí un correo que inicia con la frase: “Un día como hoy pero hace once años usted se registraba en nuestro sitio”. ¡Si pasará el tiempo! Aquel ha sido uno de los lugares a los que más asiduo he sido, al cual llegué en mi búsqueda de buenas lecturas. En él se encuentra toda una biblioteca de libros listos para ser descargados de forma legal y gratuita. Leí a Shakespeare, a Julio Verne y a Mark Twain, por mencionar solo unos pocos, pero no lo hice por intuición. Entonces se hablaba mucho de los foros y en esa página fueron creciendo a gran velocidad. Como en casi todos ellos se compartía, recomendaba, hablaba, discutía, insultaba, pero más que todo, se peleaba. La mayoría llegamos a conocernos por los nicknames, pues cada quien iba ganando cierta reputación en el grupo, e iniciamos, pero no llegamos a concluir, el proyecto de una revista literaria (recuerdo con algo de nostalgia y agrado aquel primer artículo que escribí, y que aun conservo, para dicha causa).

Las recomendaciones llovían y no solo diciendo que éste o aquel libro era bueno, explicaban los motivos, daban razones, compartían datos interesantes. Era casi imposible no ser seducido por el entusiasmo que cada quien ponía cuando se expresaba bien de algún texto. Yo, inocente e inexperto, los quería todos, quería saber todo lo que ellos sabían, quería que llegara el momento en donde pudiera abrir los temas y seducir a otros.

El lobo estepario fue el titulo de una de aquellas discusiones. Empezaron los comentarios. Los más decían que no se siguiera leyendo sin leer primero el libro, cosa de no llegar con un criterio viciado a la hora de interpretar lo que Herman Hesse quería contar. Lo compré, lo leí y… ¡qué difícil fue navegarlo! Constantemente tenía que regresar párrafos, a veces páginas enteras, para tratar de captar lo que tenía que entender. Contento lo finalicé y concluí que era un excelente libro y que sería de los que siempre recomendaría. Corrí al foro para intentar opinar, pero para entonces ahí ya todo estaba dicho.

Hace unos días Myrna (aka @myrcrisher) me hizo una serie de cuestionamientos, ninguno de ellos sencillo, sobre ese libro. No tuve más remedio que confesar que diez años es mucho tiempo y agregué el siguiente comentario de lo que recuerdo: “Va de alguien que lucha consigo mismo y su naturaleza, que es la de una persona solitaria, a quien no le importa, o le va dejando de importar, la estructura social o la forma en que se le es juzgado. Alguien que deja la comodidad de lo tradicional entendiendo que hay más en la vida. Alguien a quien estar con una “dama de compañía”, por ejemplo, al contrario de lo que la sociedad, sobre todo en ese entonces, impone, no le importa. El protagonista, no recuerdo el nombre, va cambiando su personalidad a lo largo de la obra. Quizá el mensaje sea: está bien ser un lobo estepario… y a quienes nos tachan de algo raros en la forma de pensar/actuar nos cae muy bien eso”.

Cerré el comentario comentando mi intención de leer el libro nuevamente.

Pensaba que mi argüir había sido bastante fofo cuando Myrna hizo el siguiente comentario: “Pues de esto último que mencionás no me quedó tan claro el mensaje. Si bien al principio sí lo parece, hacia el final, cuando la muchacha le cuestiona su conducta por ejemplo con el intelectual o con las situaciones que él critica, es como decirle: te entiendo pero puedes manejar la realidad a tu antojo”.

Concluí tres cosas: que tengo que regresar a leer el libro antes de volver a recomendarlo; reafirmé mi creencia de que hay libros por los que hay que esperar para poder leerlos, cosa de aprovecharlos mejor; pero en lo que más me hizo meditar, es que si bien ya he aceptado que el tiempo no me alcanzará para leer todo lo que quiero y querré leer, debo sumarle a eso todo aquello a lo que desearé volver después de que alguien opine distinto o enriquezca el contenido, siempre que sea con argumentos válidos, de alguno de los buenos textos que yo haya leído.

Vamos lectores chapines, continúen recomendando y hablando de buenos libros ¡Vaya si son buenos en eso! Incluso de los que ya casi todos leímos. Total el panorama no puede ser más alentador y trágico para alguien que se deleita en la lectura.

Saludos

PS. El sitio del que hablo se llama El Aleph, aun existe y ahora cuenta con más títulos en su biblioteca.

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Omar Velásquez — @omarvelz
Escritor guatemalteco.
http://omarvelz.wordpress.com

Sobre el autor

omarvelz
@ovlqz   /   Sitio web
Escritor guatemalteco.

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