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Reseña: Donde acaban los caminos

Categories: Libros

Donde acaban los caminos

“Aparte son los ladinos, aparte los naturales”

“La única mujer que lo hacía sentirse superior”

Mario Monteforte Toledo es considerado uno de los grandes de la literatura guatemalteca. Nacido en 1911, vivió tiempos convulsos en Guatemala: su familia se exilia cuando Estrada Cabrera es derrocado y llega a la edad adulta cuando Ubico toma la presidencia. Hombre inquieto, estudio derecho y se enamoró de las letras, practicó deporte, vivió en Europa, Estados Unidos, México, Cuba; fue un lector apasionado, gran admirador de la poesía de Cesar Vallejo y de Joyce. Conoció a Rómulo Gallegos y a Miguel Ángel Asturias entre otros. A través de su larga vida (falleció a los 91 años) acumulo muchas experiencias, varias de las cuales le sirvieron de inspiración para a sus libros. Ejemplo de ello, su historia con Rosa Chavajay – una joven tzutuhil originaria de San Juan La Laguna, Atitlán – de cuya relación nació su hija Morena, fue la base para una de sus grandes obras: “Donde acaban los caminos”.

Esta historia que fue publicada en 1950 y llevada al cine en el 2004, siendo su guionista y director el mismo Monteforte Toledo, describe los amores del doctor Raúl Zamora y María Xahil teniendo como marco la Guatemala rural ese tiempo.

Cargada de una gran cantidad de prejuicios, tanto de los ladinos como de los indígenas, la relación que se establecen entre esta pareja reflejan un pensamiento cerrado tanto de uno como de otro lado. Ambos bandos se consideran ajenos e incompatibles. Por un lado, el doctor Zamora es un hombre sin mayores prejuicios pero a la vez sin ambiciones y temeroso incluso de vivir, incapaz de escapar de las restricciones que lo rodean, del qué dirán y su misma cobardía. María por su parte, una joven de 17 años que no ha aprendido a soñar ni a vivir, descubre junto a Zamora lo que significa amar y sentirse mujer, enamorándose perdidamente de él. Pero ella también vive restringida por su medio, las costumbres y la culpabilidad casi heredada de sus ancestros. La relación sufre tumbos, es objeto de rumores y maledicencias que impiden que se desarrolle normalmente. Claro, si es que “normalmente” sea un término para referirse a lo que viven. Para Zamora es un escape que le hace sentirse importante y liberado, pero no es capaz de enfrentar todas las consecuencias de su relación ya que esconde a María y solo vive el momento. María ama lo que Zamora representa; descubre con él nuevas cosas, pero también reconoce que es un hombre que no la entiende, que no comprende sus momentos, sus silencios y que al final corresponde a la idea que ella tiene de un ladino. Un ser ajeno a su mundo.

Tanto lo que viven como lo que les rodea los condicionan y cambian tanto su relación como a ellos mismos llevándolos a aceptar un destino que parecía solamente haberlos estado esperando, siendo incapaces de librarse de las cosas que los encasillan.

Este aspecto también afecta al resto de personajes, que parecen cumplir un papel ya escrito. Por un lado, las mujeres: La ex novia de Zamora se encuentra a la caza de un marido, con todas las artimañas que se supone debe emplear en ese menester. La madre temerosa, que piensa en el que dirán y es incapaz de hacer escuchar su voz. La solterona rica que vela por una sobrina manipuladora, la nana que se esclaviza por voluntad propia, la servidumbre chismosa; todas cumplen un papel hasta cierto punto estereotipado. La única persona que muestra un grado de libertad y desenfado es la hermana de Zamora, pero es presentada como díscola y casi libertina, aprovechada y caprichosa. Los hombres no salen mejor librados ya que representan el caciquismo de la época, el sacerdocio incapaz de dirigir a su grey, sacerdotes mayas invocando pestes y venganzas, borrachos y aprovechados que se venden por pocas monedas, el padre desdeñoso que presume del valor de su hijo, pero en realidad le desprecia. Dentro de ellos destaca el padre de Maria, Antonio, que representa el honor y la conciencia de sí mismo lo que le permite juzgar la poca valía de otros. Pero lleva su propia existencia con una carga de derrota y tragedia que acepta sin chistar.

Como complemento a todo esto Monteforte deleita al lector con cuadros que tienen que ver muchas veces con los sentidos, hasta el punto que uno ve la sierra, siente y escucha el rumor del agua, el olor del encierro y el bullicio del mercado. De igual manera describe pensamientos y sentimientos de una forma íntima y personal que permiten interactuar con la historia y sus personajes, llegando incluso a detestar a algunos y sentir lástima por otros. Para ello utiliza un lenguaje elegante que en algunos puntos podrían perder al lector, aunque aumenta considerablemente su vocabulario (por lo menos lo consiguió con el mío).

Una historia en la cual se intuye la tristeza que la rodea, la incapacidad para enfrentarse al medio y arrastrar las consecuencias y la fuerza del grupo que destruye al proclamarse protector de sí mismo. Y aunque ladinos desconfíen y se sientan superiores y los indígenas desconfíen y se sientan inferiores, ambos intuyen que son iguales y muy capaces de destruirse. Se aferran tanto a las diferencias que los separan que destruyen a aquellos que establezcan puntos de contacto. Y los protagonistas también sufren de esto, sintiéndose uno superior siempre y la otra extraña a su mundo, tanto así que se alejan y se lastiman, se ignoran y se repelen. Al final los caminos se cruzan, se separan y terminan no llevando a ningún lado.

Leerlo fue un placer y a la vez una agonía. Un placer por la forma en que transmite sentimientos con los que uno puede plenamente identificarse o bien ideas que remueven algo dentro de uno. Y una agonía porque se destila una tristeza y una impotencia de la que uno no puede abstraerse o sentirse ajeno.

Un libro interesante, una historia poderosa e íntima. Un escritor fantástico y un lenguaje que se disfruta enormemente, se paladea casi. Por algo “Donde acaban los caminos” es considerada como una gran obra de la literatura guatemalteca.


En donde acaban los caminos
Mario Monteforte Toledo

Foto por Emilio Labrador. Modificada por Dianne Lacourciere bajo licencia Creative Commons By.

Sobre el autor

Mayra Santos

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